RABIETAS

como gestionar una rabieta

No me gusta mucho la palabra rabieta porque tiene un sentido peyorativo que debemos eliminar. Estas explosiones o desbordes emocionales son completamente inevitables y son fisiológicas. Si tu hijx tiene estas explosiones, enhorabuena, está teniendo un desarrollo normal y saludable a nivel emocional. 

Lo que pasa a nivel cerebral es que la emoción sale a la luz y el cerebro racional no consigue gestionarla, en psicología lo llaman «secuestro amigdalar» porque es la amígdala (una estructura cerebral) la que se encarga de que ocurra esta explosión.

En disciplina positiva hablamos de «cerebro destapado» porque la corteza cerebral está ausente y se deja ver nuestro lado primitivo, el cerebro mono. En la guía gratuita de la web (sección recursos) hay más información sobre esto.

Hace años gracias al conductismo se puso de moda esto de los premios y castigos como método de crianza. Y lo que hacemos al ignorar una rabieta es “castigar” esa emoción, al ignorarlos les estamos diciendo “no está bien sentirse así” “solo te quiero cuando te comportas como yo quiero que lo hagas” “deja de tener esa emoción ya”. 

Esto es imposible, las emociones son inevitables, ellos y ellas no saben controlarlas aún y por eso se desbordan. 

Piénsalo como adulto, cuando sientes rabia, ¿puedes dejar de sentirla? cuando estás triste ¿te gustaría que tu amigo/a o tu pareja te ignorara? 

Los niños no tienen este comportamiento por fastidiar, son cerebros en desarrollo y volver «a tapar» ese cerebro mono requiere años de experiencia y práctica con ayuda de unos adultos comprensivos y amables que le enseñen estrategias y sobre todo que les den amor incondicional.

En estas ocasiones nos necesitan más que nunca, necesitan que les entendamos y les comprendamos, les demos amor y les cuidemos. No se nos van a “subir a la chepa” si les damos nuestra comprensión y empatizamos con ellos. Al contrario, nos conectaremos con ellos y crearemos una relación fuerte y de confianza mutua. 

¿Habéis oído alguna vez la frase «quiéreme cuando menos lo merezca que será cuando más lo necesite»? Con nuestros hijos es más aplicable si cabe.

Baja a su altura, habla con calma, despacio, pregúntale si quiere un abrazo, toca su espalda, mírale a los ojos y dile que le entiendes y que estás ahí, que no vas a irte y que le quieres.

Acompañar estos momentos también requiere de mucha práctica por nuestra parte, te animo a que empieces desde que son bebés e incluso que practiques con tu pareja (porque los adultos necesitamos esto mismo también).

Cuéntame cómo te ha ido.

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